24 de mayo de 2017

Dos fechas de mayo

Arranca mayo con el recuerdo otra vez, de los mártires de Chicago. La lucha obrera por lograr condiciones más humanas de trabajo… las muchachas de la fábrica textil que murieron encerradas en el edificio en llamas… los  seis trabajadores condenados a la horca…
Siempre que miramos para atrás, vemos cómo en otras épocas costó vidas humanas lograr conquistas que hoy nos parecen obvias. La jornada de ocho horas es un ejemplo de eso. Y evidentemente, todo confirma la afirmación de Fromm de que la Historia es una gran marcha hacia la Justica… llena de tropiezos, altibajos, y muchísimo sacrificio.
20 de mayo otra vez.
Volvimos a marchar con una vela y una flor por los desaparecidos.
Día triste en el que los uruguayos vestimos de luto y sentimos vergüenza.
Vergüenza porque no hemos sido capaces de hacernos cargo, -y por el contrario, seguimos ocultando- que en nuestro paisito se cometieron delitos tremendos, inadmisibles, que nos llenaron  de dolor y espanto.  
No fuimos capaces de aceptar la idea de niños robados al nacer, de mujeres atadas y violadas, de hombres apaleados y torturados hasta morir.  
Y lo quisimos tapar con un manto de silencio, de olvido, de “nunca más”.
Pero la necesidad de Verdad y Justicia se hizo cada vez mayor.
Y así la herida no cerró nunca… los desaparecidos vuelven cada año convertidos en miles y miles. Viven en nosotros y hoy somos legión.
Nuestra conciencia ya no nos permite mirar a la cara de viejitas como Luisa, que siguen buscando a sus hijos, a sus hermanos, a sus nietos, y a las que se les niega el derecho a abrazar ese manojo de huesos sobre el cual llorar y poner una flor.
Los crímenes impunes mantienen el recelo, la desconfianza y  la grieta abierta en la sociedad.
“Nuestros desaparecidos, simbolizan los miles de presos y torturados  que hubo en este país; militantes políticos, sindicales, estudiantiles, forman  parte de los miles de destituidos y exiliados; parte de las listas negras que no conseguían trabajo o de estudiantes que fueron expulsados. No olvidemos que en nuestra lista de desaparecidos hay adultos, pero también niños y adolescentes, ya que los crímenes cometidos por el Estado dictatorial no tuvieron freno, ni barreras éticas, y abusaron de la vida de todos los uruguayos”. (Familiares, 2017).
 Tiempo atrás apareció el cuerpo de Julio Castro. Era un maestro. Jamás empuñó arma alguna que no fuera un lápiz o una tiza. Junto al cadáver estaban sus zapatos. Como un símbolo, una invitación para seguir sus pasos, para caminar su lucha de sembrar conciencia.
Por eso, como dice la canción de Benedetti :
Cantamos porque el cruel no tiene nombre 
Y en cambio tiene nombre su destino 
Cantamos porque llueve sobre el surco 
Y somos militantes de la vida 
Cantamos porque los sobrevivientes 
Y nuestros muertos quieren que cantemos …