En estos días en que todos nos preparamos para dejarle pasto y agua al
camello de Melchor, como dice el Canario Luna, viene a mi mente la letra de
otra canción. Noche de Reyes. Más que un tango, una tanguedia.
Como es sabido, las letras de los tangos narran siempre desgracias
masculinas; hablan de traiciones, del amor herido, de la vejez y de la
muerte.
“Porque el tango es macho”...decía Julio Sosa. Si. Sin duda. Es una
expresión artístico-musical hecha por hombres y desde el lugar del
hombre.
Este tema, de principios del siglo pasado, narra un feminicidio.
Visto por un hombre, sufrido por un hombre y…justificado por
todos.
Quien narra es el victimario.
La letra arranca contando: ”por ella me hice bueno, honrado y buen
marido…y en hombre de trabajo, mi vida convertí.”
Al parecer, antes de conocerla, el muchacho no era muy buena persona. Y
se destaca el sacrificio que tuvo que hacer de convertirse en un buen
tipo, solo por ella.
Nada se dice de ella. Habrá renunciado a algo? Estaría enamorada tanto
como él? Es que los sentimientos de ella, la perspectiva de ella, no cuentan.
El machismo es, en primer término, la incapacidad de ponerse en el
lugar de la mujer y entender sus sentimientos.
Todo era una maravilla: matrimonio, hogar, un hijito… hasta que aparece
la traición. Nada menos que en un 5 de enero, y para hacerlo más trágico, con
“el amigo más fiel”.
“Fidelidad” en la cosmovisión machista significa mucho. Es uno de los
valores fundamentales. Fidelidad en la mujer significa no mirar a otro hombre.
Fidelidad en el hombre significa no traicionar a un amigo.
Con los zapatitos del nene, ya puestos para esperar a los Reyes, el
protagonista llega al hogar, los sorprende infraganti, y mata a ambos. De
este modo explica por qué lo hizo: “ofendido en mi amor propio quise vengar el
ultraje…lleno de ira y coraje sin compasión los maté”.
La letra de la canción es la narración de alguien que se supone que
está preso y le cuenta a los demás presos en estos términos:
“qué cuadro compañeros… no quiero recordarlo…me llena de
vergüenza, de odio y de rencor…”
Vergüenza por ser un asesino? Por haber matado a alguien?
Arrepentimiento acaso de haber dejado a un niño sin madre?
No. La vergüenza procede de haber sufrido la peor de las ofensas que un
hombre de esa época podría padecer: que le hayan puesto los cuernos.
Del amigo nada dice, pero en el caso de ella aclara que “por
falsa y por canalla" la mató.
Pobre hombre doblemente traicionado!!
Pobre niño que se queda sin regalo en la noche de Reyes!!
Toda una tragedia masculina en dos por cuatro.
Nada se dice acerca de ella. Al parecer ni siquiera merecía
vivir.
El tema fue compuesto en 1926, y en esa época el destino de toda mujer
era casarse. Ya, por el hecho de llevarla al altar, el hombre le estaba
haciendo un favor. El horizonte femenino no suponía la Universidad, ni vivir
sola, ni ser empresaria. Sin un hombre que la rescatara del hogar paterno,
estaba condenada a ser una solterona. Esa era la segunda peor de las desgracias,
después de la primera que era embarazarse siendo soltera. La mujer no tenía
independencia económica. Vivía gracias a un hombre que la mantuviera. Y eran
muy pocos los hombres dispuestos a hacerse cargo de una mujer con un hijo
ajeno. La lógica era: “un vivo la embarazó y no se hizo cargo… y yo tengo que
mantener al pibe como un gil”. Por eso, el noviazgo era muy vigilado por todos
los adultos de la familia, que estaban dispuestos a salvaguardar el máximo
tesoro de la jovencita: la virginidad. Que sería entregada como un trofeo la
noche de bodas.
Cuando el joven “se propasaba”, ella debía echarlo, para
demostrarle que era “una muchacha de bien”. El encargo social que pesaba sobre
la mujer era el de ser el freno en una relación en la que el hombre, siempre
intentaba conseguir más y más favores. También sobre él pesaba un encargo
social: el de dar examen de hombría. Un hombre debía “debutar” en el prostíbulo
llevado por su tío, siendo aún un niño, y dar pruebas de hombría teniendo la
mayor cantidad posible de encuentros sexuales con cualquier mujer.
La homosexualidad masculina era una afrenta para la familia. Una
vergüenza y una desgracia, comparable a una discapacidad o a una enfermedad
congénita como el Síndrome de Dawn, cosas que se ocultaban -paradójicamente- en
una época en que la muerte era un hecho público, y la familia abría sus puertas
a la comunidad para que viera a la persona en su lecho de muerte.
Pasaron muchos años, corrieron muchas lágrimas y muchas luchas
fueron necesarias para que la mujer lograra quitarse de encima el rótulo de
“cosa”, y dejara de ser considerada como una más, entre las pertenencias del
hombre.
(Lo logró?)
Y muchos años y luchas y lágrimas fueron necesarias para que en octubre
se salga a las calles celebrando la marcha del orgullo gay.
(Está realmente ganada la batalla?)
Mucho camino queda aún por recorrer, cuando vemos que en este año que
acaba de terminar murieron más de veinte mujeres a manos de sus maridos o ex
maridos. El victimario ya no le cuenta a sus compañeros de celda su desgracia,
como en el tango. Generalmente se suicida después.
Si pudiéramos pedirle algo a los Reyes Magos, dejaríamos una cartita
diciendo
"Quiero un 2017 sin mujeres asesinadas".