Ser
mucama, jardinero o cocinera, son
profesiones u oficios, con las
que ningún padre sueña para sus hijos.Porque
el bajo estatus que poseen, viene unido a la mala remuneración. El servicio
doméstico, apenas si sobrevive con el salario mínimo nacional.Lo paradójico es
que estas personas se tornan muy necesarias para sus empleadores. Casi
imprescindibles. El día que falta “la empleada“es una gran complicación para
toda la familia.Pero lo más extraño de todo, es que –pese
a ser tan necesarias- los patrones no solo que les pagan muy poco, sino que suelen
quejarse bastante de sus empleadas domésticas. Es muy común escuchar que faltan, que no cumplen como es debido, que
hacen las cosas a medias, que son “todas iguales”…
La lucha de clases y el conflicto empleado-empleador, se hacen muy visibles en
este sector de las relaciones humanas y el trabajo.
En
la medida en que la economía prospera en una localidad y se abren fábricas u
otras fuentes de trabajo, el servicio doméstico escasea. Porque es lo que se
elige por descarte, cuando no hay otra opción.
Lo
mismo pasa con la profesión docente: no tiene estatus, ni remuneración atractiva.
Los padres prefieren que sus hijos –si son buenos estudiantes- vayan a la
Universidad para convertirse en médicos, licenciados o arquitectos, en lugar de
hacerse maestros.
La
sociedad,tiene una actitud ambivalente para con los educadores de sus hijos:
por un lado sabe que le son imprescindibles, pues quiere y valora educación de
calidad que el hogar nunca podría brindar, pero –paradójicamente- les paga muy poco, y los denosta
permanentemente.
Hoy,en
el imaginario colectivo, la culpa de todo el estancamiento educativo radica en
los docentes. Porque faltan, porque hacen paros, porque no trabajan lo necesario,
porque no cumplen su tarea como es debido. Los sindicatos que protegen sus
derechos, son vistos como el enemigo público número uno de los alumnos y de la
buena educación. La derecha más rancia cuestiona la presencia de representantes
gremiales en los órganos de conducción de la enseñanza. Quieren que la
educación esté dirigida exclusivamente por el poder político, aunque los parlamentarios
poco o nada conozcan de las Ciencias de la Educación.
Si
es tan necesaria la educación, quién va a ocuparse de ella en el futuro cuando
ya no haya más maestros ni profesores titulados?
Porque
mientras la Universidad viene multiplicando matrícula y egresos año a año, los nuevos docentes son
cada vez menos. En 2014 –según Celsa Puente-quedaron 3000 horas de Secundaria
sin cubrir por falta de Profesores. En Primaria–según Florit- cada año se
jubilan 1000 maestros y se reciben 600. El déficit se viene acumulando. Y si a
eso le sumamos todos los que se van a trabajar en otros lados donde pueden
percibir mejor salario (BPS, Policía, empresas privadas, bancos, Intendencias,
etc.) el futuro está complicado…
No
hemos entendido que si queremos buenos docentes, que se capaciten
permanentemente, que sean responsables y hagan una buena tarea, debemos captar
a los mejores alumnos de bachillerato para que estudien Magisterio o
Profesorado. Captarlos mediante una buena oferta salarial, darles una buena
capacitación de nivel universitario, y entonces sí, exigirles un nivel de excelencia.
No olvidemos, que no alcanzaron los
votos en el Parlamento, para convertir Formación Docente en carrera
universitaria. Dice Jana Rodríguez Hertz, “el nivel educativo de una país,
raramente supera al de sus docentes”.
Del
mismo modo que lo que se espera de una empleada doméstica es que haga lo que nadie
quiere hacer, que es limpiar lo que otros ensucian, por un muy bajo salario, el encargo social que pesa sobre los docentes
es lidiar con los problemas sociales como la violencia y la marginalidad, o
sea, “limpiar” los errores que la propia
sociedad genera .
La
sociedad precisa del maestro para que se encargue de enseñar y corregir a sus
propios hijos, tarea que los padres no pueden asumir. Que se encargue de transmitir y generar conocimientos y
valores, y –sobre todo- exige que mediante la educación de calidad, los
docentes logren la movilidad social ascendente de los sectores más vulnerables
y sumergidos, reparando así la fragmentación que la propia sociedad crea en su
seno.
Del
mismo modo que algunos padres dejan en
manos de la niñera lo más valioso que tienen, que son sus hijos, y les pagan un
salario insuficiente, la sociedad encarga a los docentes una tarea
importantísima para su supervivencia pero –paradójicamente- se niega a
jerarquizarla como es debido.