Hace unos días atrás, se
realizó la denuncia de un suceso acaecido en un liceo público de Salto. El
mismo consistió en una charla con videos
dada a los alumnos, en la cual se les habló sobre el aborto.
Esta actividad, dada por
un grupo de madres militantes contra el
aborto e integrantes del grupo “Pro Vida”, contó con el suministro a los
alumnos de material religioso. La directora del Liceo fue separada del cargo y
se le inició un sumario por violar la laicidad.
Inmediatamente estalló la
polémica en la prensa y en las redes sociales.
Laicidad significa ausencia de adoctrinamiento.
Laicidad es respeto por todas las posiciones sin inculcar ninguna. En ningún
liceo se debe defender o condenar el aborto. El aborto es una decisión personal,
es un tema de conciencia, sobre el cual la enseñanza nada debe decir. Sí debe suministrar
información, lo más objetiva posible.
Laicidad es la ausencia de dogmas. Nada debe ser
inculcado o impuesto a los estudiantes por el mero respeto a un dogma; nada
deberá ser aceptado como válido, por el solo hecho de estar en la Biblia, el
Corán o el Talmud, o por ser considerado “palabra de Dios”. Laicidad es el
derecho de todos a cuestionar, guiándose por su propia razón.
Laicidad es generar la tolerancia por todas las
opiniones, es fomentar el espíritu crítico en los alumnos, mostrándoles todas
las alternativas posibles, pero sin imponerles ninguna.
Disertar en contra del aborto con apoyo de material
religioso, es –a todas luces- un acto violatorio de la laicidad.
No está mal
abordar el tema del aborto en las aulas, pues la información no hace mal a
nadie. Si se quiere hablar del aborto, que se explique qué es, en qué consiste,
y que se haga un debate, con posiciones a favor y en contra de su
despenalización, para que el alumno tome posición con toda libertad.
Existen temas polémicos cuyo abordaje suele ser
problemático. Cuando se trata en clases de Filosofía o Sociología, el
pensamiento de filósofos o economistas como es el caso de Carlos Marx, cuyas
ideas han tenido una poderosa influencia
en el pensamiento occidental contemporáneo, dando origen a ideologías que han
cristalizado en partidos políticos, el docente debe tener cuidado para que sus
propias opiniones no se conviertan en la única versión que sus alumnos reciban
sobre el tema.
Eso no significa que en las aulas no se deba estudiar
a Marx, el fascismo o el corpus ideológico de las diferentes religiones.
Laicidad no es oscurantismo ni tabú.
Las críticas a la sanción que recayó sobre la
Directora del liceo, vinieron desde dos lugares: desde los que profesan una
religión y militan contra el aborto, y
desde los que condenan lo “políticamente correcto”.
Los que se consideran -con orgullo- “políticamente incorrectos” , están en contra
de toda la agenda de derechos que desde hace unos años viene imponiéndose en la
sociedad. Están en contra de las reivindicaciones feministas, tanto como de la
defensa de las minorías étnicas o de los colectivos LGTBIQ. Fundamentalmente
están en contra de las leyes y disposiciones oficiales que se han creado para
defender los derechos de estas personas: la cuota de género en política, la
aprobación del feminicidio como delito, y la Guía para Docentes, que el
colectivo Ovejas Negras sugirió al Consejo de Educación Inicial y Primaria,
para que en las aulas comience a abordarse con naturalidad el tema de la
diversidad sexual.
Lo
que desconocen los “políticamente incorrectos”, es que cuando se trata de
naturalizar la diversidad sexual, es justamente en nombre de la tolerancia. Nadie está imponiendo nada. Al contrario: se trata de respetar al diferente. No
se obliga a nadie a que sea homo o hetero (como si fuera posible hacerlo!) sino
de que seamos capaces de entender que los homosexuales, trans, lesbianas, gays,
etc. no son extraterrestres, que son tan humanos como los heterosexuales, y que
tienen derecho a ser respetados tal como son.