La revolución
informática irrumpió en nuestras vidas,
de un modo que aún no hemos podido
aquilatar lo suficiente. Celulares, tablets, computadoras y la gran red mundial
han cambiado diametralmente las relaciones humanas, nuestra relación con el
conocimiento, con la información y con el consumo de bienes y servicios.
Ya las grandes
cadenas de prensa no monopolizan la información oficial sobre los hechos, pues
un simple blog o página web que se actualice diariamente sirve para informar.
Esto ha traído
varias consecuencias. Algunas buenas, como por ejemplo una cierta
disminución de la impunidad de que
gozaban los grandes medios para
presentar la información políticamente sesgada. La web compite con la
televisión y hoy es posible comparar diferentes versiones sobre los hechos,
leer publicaciones rusas o cubanas que aportan una mirada muy distinta a lo que
informa la CNN.
Otra
consecuencia es que se han puesto en tela de juicio muchas afirmaciones
tradicionalmente aceptadas como válidas. Hay una página web en la que miles de
ingenieros de todo el mundo afirman que las Torres Gemelas no fueron derribadas
por ningún avión, sino que se las hizo implosionar con explosivos colocados en
sus bases. También se aportan argumentos que desmienten la llegada del hombre a
la luna, y se teoriza acerca del origen de muchos desastres climáticos o
sísmicos que afectan a la humanidad, diciendo que son causados por
organizaciones secretas. Las teorías “conspiranoicas” florecen abonadas por la información que se
filtra acerca de -por ejemplo- el misterioso proyecto Haarp, de la Fuerza Aérea norteamericana
cuyo nombre High Frequency Advanced
Auroral Research Project., traducido al español, sería “Programa de
Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia.” Al parecer en unas instalaciones militares situadas en
Alaska, se está desarrollando un misterioso proyecto el cual consiste en 180
antenas que funcionando en conjunto emiten un billón de ondas de radio de alta
frecuencia, las cuales penetran en la
atmósfera inferior .
Se dice que este proyecto podría alterar el clima, causar
terremotos, inundaciones y desastres de todo tipo. Se aportan argumentos,
datos, opiniones calificadas... y de las otras. Todo está en la web.
Los motores de búsqueda han trastocado la relación del ser
humano con la información. Con solo poner una palabra en Google aparecen al
instante miles de sitios con información al respecto. Información válida? No
sabemos. Entre otras cosas, la world wide web, nos ha traído más dudas que
certezas.
Por otra parte
todos tenemos un celular y un grupo de whatsapp gracias al cual nos conectamos
al instante con amigos o familiares de cualquier parte del mundo.
Los mensajes
escritos han revolucionado el uso del idioma: abreviaturas y simplificaciones
de todo tipo surgen y se generalizan,
arrasando con la gramática, la ortografía y la sintaxis. Los
“emoticones”, además, ayudan a expresar
emociones y ahorrar palabras
Otro fenómeno
del que no somos totalmente conscientes es la facilidad asombrosa con que queda
registrada la realidad en imágenes. Fotografías y videos sobre cualquier cosa
están en las manos de toda persona que tenga un celular. Y la gente graba
y registra escenas, sucesos, privados y
públicos. Y los comparte con amigos y conocidos y con los amigos de los amigos.
Alguien se ha
preguntado más de una vez, qué van a decir los adolescentes del futuro, cuando
se vean en Internet con pañales y chupete en las fotos que sus padres publican
hoy...sin preguntarse siquiera qué consecuencias puede tener esta
sobreexposición de la intimidad de los niños.
Y cada día
aumenta el número de personas que crean
su cuenta de Facebook, de Twitter, de Instagram, integrándose a esa gran
comunidad virtual donde se comparten opiniones, comentarios, relatos e imágenes
de la vida de cada uno.
Y la gente se
expresa en las redes sociales...
Algunos cuentan
sus vivencias diarias, y su relato de la cotidianidad va quedando plasmado como
memoria escrita e ilustrada de sus vidas. Con toda ingenuidad y sin temor alguno
por su privacidad, se publican álbumes de fotos de las vacaciones, de los
cumpleaños, de una fiesta especial, o de la pizza saliendo del horno. Se
comentan trivialidades que narran una
tarde de lluvia y tortas fritas, tanto como cosas terribles: comentarios hechos
al vacío, que son verdaderas cartas dirigidas a una ex-pareja a quien se le
dicen muchas cosas que -increíblemente- se hacen públicas.
Quizás lo más
sorprendente sea ver cómo habla la gente con sus seres queridos que han muerto.
Frases como “te extraño mucho, mamá” se encuentran con frecuencia.
La web promueve
el strip-tease interior y la gente se desnuda.
Los diarios, en
su versión digital, dan espacio a los comentarios al pie de las noticias. Vaz
Ferreira decía que la prensa es capaz de destruir personas y reputaciones del
mismo modo que la prensa hidráulica destruye objetos. Hoy todos somos la
prensa.
Abundan -sobre
todo al pie de una noticia- comentarios
corrosivos, demoledores de las personas públicas. Esas noticias se repican en
los grupos de debate político y dan pie a
explosiones de furia en las que
abundan las palabras soeces, la grosería...y la maldad. Alguien dijo que la mayoría de los
internautas son militantes del partido del odio, pues cualquier oportunidad es
buena para reaccionar con rabia, para emitir comentarios ácidos, para juzgar
con dureza implacable. Se prejuzga con mucha ligereza y siempre se dan por ciertas las sospechas
que presuponen malas intenciones en todo
lo que hagan o digan parlamentarios, líderes políticos, y representantes del pueblo en general.
Son las luces y
las sombras de un invento que revolucionó al mundo.
Hace apenas dos
décadas nada de esto existía en nuestras latitudes. Y en veinte años nos cambió
la vida.
Los
neurocientíficos ya hablan de los niños que han nacido en esta época como la
“generación 2.0”. Tienen un cerebro diferente, moldeado por esta nueva forma de
la comunicación.