6 de febrero de 2017

Después que apareció Internet

La revolución informática irrumpió en nuestras vidas, de un modo que aún no hemos podido aquilatar lo suficiente. Celulares, tablets, computadoras y la gran red mundial han cambiado diametralmente las relaciones humanas, nuestra relación con el conocimiento, con la información y con el consumo de bienes y servicios.
Ya las grandes cadenas de prensa no monopolizan la información oficial sobre los hechos, pues un simple blog o página web que se actualice diariamente sirve para informar.
Esto ha traído varias consecuencias. Algunas buenas, como por ejemplo una cierta disminución  de la impunidad de que gozaban los grandes medios  para presentar la información políticamente sesgada. La web compite con la televisión y hoy es posible comparar diferentes versiones sobre los hechos, leer publicaciones rusas o cubanas que aportan una mirada muy distinta a lo que informa la CNN.
Otra consecuencia es que se han puesto en tela de juicio muchas afirmaciones tradicionalmente aceptadas como válidas. Hay una página web en la que miles de ingenieros de todo el mundo afirman que las Torres Gemelas no fueron derribadas por ningún avión, sino que se las hizo implosionar con explosivos colocados en sus bases. También se aportan argumentos que desmienten la llegada del hombre a la luna, y se teoriza acerca del origen de muchos desastres climáticos o sísmicos que afectan a la humanidad, diciendo que son causados por organizaciones secretas. Las teorías “conspiranoicas” florecen abonadas por la información que se filtra acerca de -por ejemplo- el misterioso proyecto Haarp, de la Fuerza Aérea norteamericana cuyo nombre High Frequency Advanced Auroral Research Project., traducido al español, sería “Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia.” Al parecer en unas instalaciones militares situadas en Alaska, se está desarrollando un misterioso proyecto el cual consiste en 180 antenas que funcionando en conjunto emiten un billón de ondas de radio de alta frecuencia, las cuales penetran en la atmósfera inferior .
Se dice que este proyecto podría alterar el clima, causar terremotos, inundaciones y desastres de todo tipo. Se aportan argumentos, datos, opiniones calificadas... y de las otras. Todo está en la web.
Los motores de búsqueda han trastocado la relación del ser humano con la información. Con solo poner una palabra en Google aparecen al instante miles de sitios con información al respecto. Información válida? No sabemos. Entre otras cosas, la world wide web, nos ha traído más dudas que certezas.
Por otra parte todos tenemos un celular y un grupo de whatsapp gracias al cual nos conectamos al instante con amigos o familiares de cualquier parte del mundo.
Los mensajes escritos han revolucionado el uso del idioma: abreviaturas y simplificaciones de todo tipo surgen y se generalizan,  arrasando con la gramática, la ortografía y la sintaxis. Los “emoticones”, además,  ayudan a expresar emociones y ahorrar palabras
Otro fenómeno del que no somos totalmente conscientes es la facilidad asombrosa con que queda registrada la realidad en imágenes. Fotografías y videos sobre cualquier cosa están en las manos de toda persona que tenga un celular. Y la gente graba y registra escenas, sucesos, privados y públicos. Y los comparte con amigos y conocidos y con los amigos de los amigos.
Alguien se ha preguntado más de una vez, qué van a decir los adolescentes del futuro, cuando se vean en Internet con pañales y chupete en las fotos que sus padres publican hoy...sin preguntarse siquiera qué consecuencias puede tener esta sobreexposición de la intimidad de los niños.
Y cada día aumenta el número de personas  que crean su cuenta de Facebook, de Twitter, de Instagram, integrándose a esa gran comunidad virtual donde se comparten opiniones, comentarios, relatos e imágenes de la vida de cada uno.
Y la gente se expresa en las redes sociales...
Algunos cuentan sus vivencias diarias, y su relato de la cotidianidad va quedando plasmado como memoria escrita e ilustrada de sus vidas. Con toda ingenuidad y sin temor alguno por su privacidad, se publican álbumes de fotos de las vacaciones, de los cumpleaños, de una fiesta especial, o de la pizza saliendo del horno. Se comentan  trivialidades que narran una tarde de lluvia y tortas fritas, tanto como cosas terribles: comentarios hechos al vacío, que son verdaderas cartas dirigidas a una ex-pareja a quien se le dicen muchas cosas que -increíblemente- se hacen públicas.
Quizás lo más sorprendente sea ver cómo habla la gente con sus seres queridos que han muerto. Frases como “te extraño mucho, mamá” se encuentran con frecuencia.
La web promueve el strip-tease interior y la gente se desnuda.
Los diarios, en su versión digital, dan espacio a los comentarios al pie de las noticias. Vaz Ferreira decía que la prensa es capaz de destruir personas y reputaciones del mismo modo que la prensa hidráulica destruye objetos. Hoy todos somos la prensa.
Abundan -sobre todo al pie de una noticia- comentarios corrosivos, demoledores de las personas públicas. Esas noticias se repican en los grupos de debate político y dan pie a  explosiones de furia en las que  abundan las palabras soeces, la grosería...y la maldad. Alguien dijo que la mayoría de los internautas son militantes del partido del odio, pues cualquier oportunidad es buena para reaccionar con rabia, para emitir comentarios ácidos, para juzgar con dureza implacable. Se prejuzga con mucha ligereza y siempre se dan por ciertas las sospechas que presuponen malas intenciones en todo lo que hagan o digan parlamentarios, líderes políticos, y representantes del pueblo en general.
Son las luces y las sombras de un invento que revolucionó al mundo.
Hace apenas dos décadas nada de esto existía en nuestras latitudes. Y en veinte años nos cambió la vida.
Los neurocientíficos ya hablan de los niños que han nacido en esta época como la “generación 2.0”. Tienen un cerebro diferente, moldeado por esta nueva forma de la comunicación.