En marzo de 2008, la Escuela Artigas de Florida
inauguraba el Plan Ceibal. Los niños de 6°, mis alumnos de entonces, nos daban
clases a las pobres maestras cuasi analfabetas en lenguaje logo, sobre cómo
manejar las ceibalitas. Ellos sabían todo: cómo hacer en Linux lo que sabíamos
hacer en Windows, cómo acceder a Internet, cómo recuperar la conexión cuando se
perdía…y hasta sabían entrar a las redes sociales, que en aquella época se
llamaban “Fotolog“ y “Metroflog”, jugar a escondidas y comunicarse entre ellos,
sin que pudiéramos darles la captura a tiempo.
MarcPrenski, escribió varios libros
sobre todo esto, sobre la facilidad con que los más jóvenes resuelven los
dramas informáticos de los adultos. Le llamó a los niños “nativos digitales” y
a los adultos “inmigrantes”. En aquel momento se decía – y con toda razón- que
nunca lo haríamos como ellos, pues no tendríamos su fluidez y su comprensión profunda del mundo
2.0.
Y como es de sabios reconocer la ignorancia, tuvimos
que dejar que ellos nos enseñaran a nosotros, invirtiendo los roles en la
pareja educando-educador.
La computadora en clase era un valioso recurso, que todavía no sabíamos
muy bien cómo usar. Hoy existe una infraestructura de apoyo a los docentes, que
en aquel momento no teníamos. Y había que inventar.
Y así fuimos a parar a Florida Online.
Diariamente ingresábamos a la página –en clase- y
leíamos todo tipo de cosas de interés, dejando que ellos exploraran,
encontraran y comentaran, para luego compartir y socializar la información.
Incluso ya venían sabiendo lo que íbamos a encontrar ese día, y anticipando
cosas de interés.
Recuerdo cuánto nos reímos con un cuento de Marciano Durán dedicado a una
excursión a San Cono en la que quedó enredado en un sutién rojo!
También había
una sección dedicada a recordar lo acontecido en el día de la fecha, pero en
diferentes años. Larguísima conversación con aquellos filósofos de 11 años, tuvimos cuando
leímos sobre la “señal wow” registrada por el radiotelescopio Big Air, única
prueba de la existencia de vida extraterrestre.
Y un día descubrimos que la página nos llevaba a la
dirección web de los principales medios de prensa del país. Y ahí se nos abrió
el mundo.
Los chiquilines leían diarios, seleccionaban las
noticias. Me acuerdo de los avatares de la tortuga Jorge, que en aquel momento
estaba seriamente enferma en las islas Galápagos. Y de allí fuimos a ver
imágenes paradisíacas de la misma. La geografía y la historia se hacían
placenteras en la maravilla de las páginas web.
Pero lo más cómico ocurrió el día en que entramos al
plano de la ciudad que había en “Florida On line”. Era un hipervínculo que conducía
a Google Earth, y que permitía ver tanto el plano como la foto satelital de la
ciudad.
Después de revisar la foto, la consigna fue que cada
uno debía ubicar el techo de su propia casa…
Todos fascinados!
La única persona en el salón de clase, que no pudo
encontrar la suya, fui yo.
Howard Gardner fue un genio cuando descubrió el tema
de las inteligencias múltiples. Y
explicó que la inteligencia conceptual y lógica, ampliamente valorada en la
escuela, no es la única por cierto. Sino que existen muchas más. Una estrella
del fútbol posee inteligencia kinestésica, y un cantante, inteligencia musical.
La inteligencia espacial, es la que permite ubicarnos
en el mapa, encontrar una calle y recordar lugares y trayectos recorridos. Esa
inteligencia,… sin duda no es mi fuerte.
Tuvo que pararse un niño, uno que particularmente no
había sido el mejor de los alumnos en sus años previos de escolaridad, para
ayudarme a encontrar mi casa, luego de decirme “no, maestra, andás por el
Cementerio…no ves que esos son los techos de la Lanera?...para encontrar tu
casa tenés que buscar algo grande como Comef , que está cerquita …”
La clase festejaba mi cara y mi ignorancia y se venía
abajo riéndose.Cuando encontré mi casa, gracias al maestro Milton, empecé a
reírme yo también.
Un hermoso episodio. Una cosa linda de esas que no se
olvidan, porque tejen alianzas de afecto
y complicidad. La risa compartida genera fuertes vínculos grupales, que nos
sacan lágrimas, cuando al llegar diciembre termina el año lectivo, termina la
escuela y termina la infancia.