6 de noviembre de 2016

2008: Florida Online y el Plan Ceibal. Una historia real.

En marzo de 2008, la Escuela Artigas de Florida inauguraba el Plan Ceibal. Los niños de 6°, mis alumnos de entonces, nos daban clases a las pobres maestras cuasi analfabetas en lenguaje logo, sobre cómo manejar las ceibalitas. Ellos sabían todo: cómo hacer en Linux lo que sabíamos hacer en Windows, cómo acceder a Internet, cómo recuperar la conexión cuando se perdía…y hasta sabían entrar a las redes sociales, que en aquella época se llamaban “Fotolog“ y “Metroflog”, jugar a escondidas y comunicarse entre ellos, sin que pudiéramos darles la captura a tiempo.
MarcPrenski, escribió varios libros sobre todo esto, sobre la facilidad con que los más jóvenes resuelven los dramas informáticos de los adultos. Le llamó a los niños “nativos digitales” y a los adultos “inmigrantes”. En aquel momento se decía – y con toda razón- que nunca lo haríamos como ellos, pues no tendríamos  su fluidez y su comprensión profunda del mundo 2.0.
Y como es de sabios reconocer la ignorancia, tuvimos que dejar que ellos nos enseñaran a nosotros, invirtiendo los roles en la pareja educando-educador.
La computadora en clase era  un valioso recurso, que todavía no sabíamos muy bien cómo usar. Hoy existe una infraestructura de apoyo a los docentes, que en aquel momento no teníamos. Y había que inventar.
Y así fuimos a parar a Florida Online.
Diariamente ingresábamos a la página –en clase- y leíamos todo tipo de cosas de interés, dejando que ellos exploraran, encontraran y comentaran, para luego compartir y socializar la información. Incluso ya venían sabiendo lo que íbamos a encontrar ese día, y anticipando cosas de interés.
Recuerdo cuánto nos reímos con un  cuento de Marciano Durán dedicado a  una  excursión a San Cono en la que quedó enredado en un sutién rojo!
También  había una sección dedicada a recordar lo acontecido en el día de la fecha, pero en diferentes años. Larguísima conversación con aquellos filósofos de 11 años, tuvimos cuando leímos sobre la “señal wow” registrada por el radiotelescopio Big Air, única prueba de la existencia de vida extraterrestre.
Y un día descubrimos que la página nos llevaba a la dirección web de los principales medios de prensa del país. Y ahí se nos abrió el mundo.
Los chiquilines leían diarios, seleccionaban las noticias. Me acuerdo de los avatares de la tortuga Jorge, que en aquel momento estaba seriamente enferma en las islas Galápagos. Y de allí fuimos a ver imágenes paradisíacas de la misma. La geografía y la historia se hacían placenteras en la maravilla de las páginas web.
Pero lo más cómico ocurrió el día en que entramos al plano de la ciudad que había en “Florida On line”. Era un hipervínculo que conducía a Google Earth, y que permitía ver tanto el plano como la foto satelital de la ciudad.
Después de revisar la foto, la consigna fue que cada uno debía ubicar el techo de su propia casa…
Todos fascinados!
La única persona en el salón de clase, que no pudo encontrar la suya, fui yo.
Howard Gardner fue un genio cuando descubrió el tema de  las inteligencias múltiples. Y explicó que la inteligencia conceptual y lógica, ampliamente valorada en la escuela, no es la única por cierto. Sino que existen muchas más. Una estrella del fútbol posee inteligencia kinestésica, y un cantante, inteligencia musical.
La inteligencia espacial, es la que permite ubicarnos en el mapa, encontrar una calle y recordar lugares y trayectos recorridos. Esa inteligencia,… sin duda no es mi fuerte.
Tuvo que pararse un niño, uno que particularmente no había sido el mejor de los alumnos en sus años previos de escolaridad, para ayudarme a encontrar mi casa, luego de decirme “no, maestra, andás por el Cementerio…no ves que esos son los techos de la Lanera?...para encontrar tu casa tenés que buscar algo grande como Comef , que está cerquita …”
La clase festejaba mi cara y mi ignorancia y se venía abajo riéndose.Cuando encontré mi casa, gracias al maestro Milton, empecé a reírme yo también.

Un hermoso episodio. Una cosa linda de esas que no se olvidan, porque tejen alianzas de afecto y complicidad. La risa compartida genera fuertes vínculos grupales, que nos sacan lágrimas, cuando al llegar diciembre termina el año lectivo, termina la escuela y termina la infancia.