5 de enero de 2017

Noche de Reyes

En estos días en que todos nos preparamos para dejarle pasto y agua al camello de Melchor, como dice el Canario Luna, viene a mi mente la letra de otra canción. Noche de Reyes. Más que un tango, una tanguedia.
Como es sabido, las letras de los tangos narran siempre desgracias masculinas; hablan de traiciones, del amor herido, de la vejez y de la muerte. 
“Porque el tango es macho”...decía Julio Sosa. Si. Sin duda. Es una expresión artístico-musical hecha por hombres y desde el lugar del hombre. 
Este tema, de principios del siglo pasado, narra un feminicidio. 
Visto por un hombre, sufrido por un hombre y…justificado por todos. 
Quien narra es el victimario.
La letra arranca contando: ”por ella me hice bueno, honrado y buen marido…y en hombre de trabajo, mi vida convertí.”
Al parecer, antes de conocerla, el muchacho no era muy buena persona. Y se destaca el sacrificio que tuvo que hacer  de convertirse en un buen tipo, solo por ella. 
Nada se dice de ella. Habrá renunciado a algo? Estaría enamorada tanto como él? Es que los sentimientos de ella, la perspectiva de ella, no cuentan.
El machismo es, en primer término, la incapacidad de ponerse en el lugar de la mujer y entender sus sentimientos.  
Todo era una maravilla: matrimonio, hogar, un hijito… hasta que aparece la traición. Nada menos que en un 5 de enero, y para hacerlo más trágico, con “el amigo más fiel”.
“Fidelidad” en la cosmovisión machista significa mucho. Es uno de los valores fundamentales. Fidelidad en la mujer significa no mirar a otro hombre. Fidelidad en el hombre significa no traicionar a un amigo. 
Con los zapatitos del nene, ya puestos para esperar a los Reyes, el protagonista llega al hogar, los sorprende  infraganti, y mata a ambos. De este modo explica por qué lo hizo: “ofendido en mi amor propio quise vengar el ultraje…lleno de ira y coraje sin compasión los maté”.
La letra de la canción es la narración de alguien que se supone que está preso y le cuenta a los demás presos en estos términos:
 “qué cuadro compañeros… no quiero recordarlo…me llena de vergüenza, de odio y de rencor…”
Vergüenza por ser un asesino? Por haber matado a alguien? Arrepentimiento acaso de haber dejado a un niño sin madre?
No. La vergüenza procede de haber sufrido la peor de las ofensas que un hombre de esa época podría padecer: que le hayan puesto los cuernos.
Del amigo nada dice, pero en el caso de ella aclara que  “por falsa y por canalla" la mató. 
Pobre hombre doblemente traicionado!!
Pobre niño que se queda sin regalo en la noche de Reyes!!
Toda una tragedia masculina en dos por cuatro.
Nada se dice acerca de ella. Al parecer ni siquiera merecía vivir. 
El tema fue compuesto en 1926, y en esa época el destino de toda mujer era casarse. Ya, por el hecho de llevarla al altar, el hombre le estaba haciendo un favor. El horizonte femenino no suponía la Universidad, ni vivir sola, ni ser empresaria. Sin un hombre que la rescatara del hogar paterno, estaba condenada a ser una solterona. Esa era la segunda peor de las desgracias, después de la primera que era embarazarse siendo soltera. La mujer no tenía independencia económica. Vivía gracias a un hombre que la mantuviera. Y eran muy pocos los hombres dispuestos a hacerse cargo de una mujer con un hijo ajeno. La lógica era: “un vivo la embarazó y no se hizo cargo… y yo tengo que mantener al pibe como un gil”. Por eso, el noviazgo era muy vigilado por todos los adultos de la familia, que estaban dispuestos a salvaguardar el máximo tesoro de la jovencita: la virginidad. Que sería entregada como un trofeo la noche de bodas.
Cuando el joven “se propasaba”, ella debía echarlo,  para demostrarle que era “una muchacha de bien”. El encargo social que pesaba sobre la mujer era el de ser el freno en una relación en la que el hombre, siempre intentaba conseguir más y más favores. También sobre él pesaba un encargo social: el de dar examen de hombría. Un hombre debía “debutar” en el prostíbulo llevado por su tío, siendo aún un niño, y dar pruebas de hombría teniendo la mayor cantidad posible de encuentros sexuales con cualquier mujer. 
La homosexualidad masculina era una afrenta para la familia. Una vergüenza y una desgracia, comparable a una discapacidad o a una enfermedad congénita como el Síndrome de Dawn, cosas que se ocultaban -paradójicamente- en una época en que la muerte era un hecho público, y la familia abría sus puertas a la comunidad para que viera a la persona en su lecho de muerte.
Pasaron muchos años, corrieron muchas lágrimas  y muchas luchas fueron necesarias para que la mujer lograra quitarse de encima el rótulo de “cosa”, y dejara de ser considerada como una más, entre las pertenencias del hombre. 
(Lo logró?)
Y muchos años y luchas y lágrimas fueron necesarias para que en octubre se salga a las calles celebrando la marcha del orgullo gay. 
(Está realmente ganada la batalla?)
Mucho camino queda aún por recorrer, cuando vemos que en este año que acaba de terminar murieron más de veinte mujeres a manos de sus maridos o ex maridos. El victimario ya no le cuenta a sus compañeros de celda su desgracia, como en el tango. Generalmente se suicida después.  
Si pudiéramos pedirle algo a los Reyes Magos, dejaríamos una cartita diciendo
"Quiero  un 2017 sin mujeres asesinadas".